De las carpas a las calles
Por Simón Boric, Catalina Brunetti y Katherine Cáceres
Celeste Ayala en clases de equilibrioAyala es una de los cerca de veinte integrantes que conforman la academia, uno de los tres pilares del Circo del Mundo. Si bien, la carrera de Artista Circense con mención en Circo Social, no está reconocida por el Ministerio de Educación, ella sostiene que "debería ser reconocida para que puedan exigir más profesionalismo". Sin embargo, la escuela diseñó una malla curricular que contempla dos ramos teóricos: psicología y circo social, los que se complementan con las clases prácticas, que desarrollan técnicas como equilibrio, mastro, tela, trapecio, trapecio vuelo, aro, malabares, mano a mano y clown; de las que los alumnos deben elegir dos, una fundamental y otra de respaldo. Su plan de estudios finaliza con un seminario y un proyecto de título. La alumna, especifica que a pesar de que la malla está diseñada para siete semestres, en la práctica se traduce en ocho.
Más que entretener
En abril de 1995 un grupo de artistas chilenos recibió apoyo de Jeunesse du Monde y Cirque du Soleil para implementar un pequeño proyecto que hoy día es El Circo del Mundo-Chile. "Partió como una aventura, un sueño", recuerda uno de sus fundadores, Bartolomé Silva, quien hace trece años atrás vio al circo como instrumento de movilización colectiva, capaz de transformarse en una excelente herramienta para combatir los problemas sociales que afectaban -y afectan- a algunos sectores con riesgo de la sociedad chilena. Es por eso que junto con su compañera, Alejandra Jiménez, decidieron aceptar el desafío y embarcarse en lo que hoy es una escuela circense psicosocial, que tiene como fin formar nuevos artistas y ayudar a niños y jóvenes de sectores marginales a alejarse de los problemas que circulan en su entorno.
Este último punto es el principal objetivo de la ONG, porque además de entretención, la academia ofrece una vía de escape para los jóvenes en situación de pobreza, violencia, drogas y a los hijos de familias monoparentales, los que también son considerados por esta institución. “El circo trabaja con el riesgo y los chicos en situación de pobreza, de vulnerabilidad cotidiana viven con el riesgo, la adrenalina por las peleas y conflictos internos de la comunidad; entonces modificamos ese riesgo azaroso de la calle por un riesgo controlado: que es estar en las alturas, en el trapecio”, recalca el director.
Sin auspicio, no hay función
Con el dinero recaudado por la academia (120 mil pesos mensuales por alumno), más las ganancias de los espectáculos ofrecidos por el área de extensión, esta institución alcanza a financiar sólo el 40% del gasto anual, que asciende a 150 millones de pesos. Es por esto, que la ONG debe salir en busca de diferentes apoyos financieros; uno de ellos es el aporte que recibe del Cirque du Soleil, gracias a la alianza que mantienen desde su inicio, que le otorga un fondo de ocho millones de pesos al año. Sin embargo, esta cantidad no es suficiente; por lo que el Circo del Mundo está permanentemente postulando a fondos concursables (Mineduc, Conace, Fondart, entre otros) y a fondos internacionales, que actualmente han disminuido "porque Chile está en los parámetros de país desarrollado, tenemos la mirada internacional de que somos los jaguares, aunque realmente no lo seamos", reconoce Silva.
“La constancia genera lo imposible”
Salvador Abarca, de 22 años, pertenece a la primera generación de egresados donde sólo fueron cinco alumnos. Comenzó en quinto semestre a trabajar en el área de extensión de la escuela, creando el Subzirko, como su proyecto de titulación.
Según Abarca, actual profesor de la técnica mano a mano, la escuela “funciona como un colador, como todas las carreras. Es difícil pasar a segundo y más a tercero. Cuesta sobre todo cuando no hay quién te financie, porque ahí tienes que trabajar y costear tú mismo los estudios”.
A nivel de exigencia, se tomó la decisión de fusionar una escuela de alto rendimiento, pero sin dejar de lado lo artístico; resultando una mezcla interesante. “Para los alumnos es exigente, están todo el día desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde haciendo actividad física, la cual requiere preparación”. Punto, con el cual Ayala coincide plenamente: “La carrera es súper sacrificada en el sentido de que el entrenar te duele mucho físicamente, los avances son muy lentos y eso te hace que te replantees si de verdad estas hecho para esto".
Sin embargo, a pesar de toda la dedicación que se requiere para lograr las piruetas, esta joven alumna insiste en lo que ya se ha transformado su filosofía de vida: "La constancia genera lo imposible, hay profes que no dan ni un peso por uno, pero con esfuerzo y constancia demuestras que puedes"





