martes, 4 de noviembre de 2008

Cultura/Espectáculos

Tras las huellas del arte:
Viviendo la cultura en el Gran Santiago

Los centros culturales abundan en Santiago. Los hay en prácticamente todas las comunas. La administración y organización de éstos, en especial su financiamiento, son muy diferentes, pues hay centros que cumplen tareas más bien institucionales, y otros que se caracterizan por presentar proyectos alternativos y vanguardistas, siendo estos en su mayoría independientes. También están los centros que cubren un área social imprescindible, que busca acercar a sus dependientes a la cultura y a las artes bajo intereses educativos y de reunión vecinal.

Por Mabel González, Maureen Márquez y Felipe Ramírez

Estación Intermodal se dedicó a recorrer el Gran Santiago buscando entre la fauna de espacios culturales que tienen en común sólo una cosa: el fomento al arte.

Tres de ellos –la Casa de la Cultura de Ñuñoa, "Alejandro Villalobos” de La Florida y el Centro Cultural "Taller Sol", de Santiago Centro- nos abrieron las puertas para conocer cómo funcionan y son financiados.

La experiencia municipal consolidada

“En estos años de gestión, la Corporación ha convertido a Ñuñoa en una de las comunas con mayor desarrollo cultural del país, y para muchos, la capital cultural de Chile”. Así es presentada la Corporación Cultural de Ñuñoa en su sitio web que, desde su creación en 1988 ha desarrollado un sinfín de actividades en las áreas de la pintura, la música, el teatro, el cine, la literatura y la danza, siendo la primera organización cultural financiada por la municipalidad de esa comuna.

Ubicada en la principal avenida comunal, Irarrázaval, la corporación y sus distintas dependencias –entre las que se encuentra la Casa de la Cultura– ofrece “actividades gratuitas y accesibles a todo tipo de público”, según señala Carmen Quintard, encargada del diseño y producción de la corporación.

La Corporación Cultural de Ñuñoa se declara como una entidad sin fines de lucro, presidida por el alcalde, Pedro Sabat, y recibe, cada año, alrededor de 400 millones de pesos por parte del municipio. Según Quintard, “este monto de dinero lo dividimos en marcos presupuestarios, donde se afinan platas para el área de música y el teatro, para las remuneraciones, los arreglos de los diferentes departamentos que tenemos, en fin...”

Todo el financiamiento lo reciben del municipio, y dicen no contar ni necesitar auspiciadores ni abonados, excepto en actividades de mayor magnitud, cuando son apoyados por algunos medios de comunicación como la radio Cooperativa y el diario El Mercurio, que los auspician en difusión, el punto débil al momento de organizar panoramas, aunque dicen tener la experiencia suficiente y manejarse bastante bien en las actividades culturales.

Desde la población: rompiendo la exclusión

Acercándonos a un núcleo más reducido, específicamente en el sector suroriente de Santiago, encontramos el Ateneo “Alejandro Villalobos”, ubicado en la población “Nuevo Amanecer”, antigua Nueva Habana, conocida por ser un fuerte bastión de resistencia durante la dictadura, en la comuna de La Florida. El nombre de este centro rinde honores a un importante dirigente de la población en el tiempo de la dictadura. Sus miembros reivindican una serie de conceptos de acción propias de la tradición anarquista y aseguran que todas sus actividades en el marco de este proyecto tienen una razón política detrás.

Tres años atrás decidieron tomarse una sede vecinal abandonada con el objetivo de recuperar un espacio que no tenía uso y ponerlo al servicio de la cultura y de los pobladores, entregando un espacio de convergencia para padres, madres e hijos. Los talleres de reforzamiento escolar, teatro y artes plásticas son realizados con mucho entusiasmo por los pobladores que participan del Ateneo, dándole vida a esta experiencia de auto organización de base.

Sin tanta experiencia como la de los organizadores de la Corporación Cultural de Ñuñoa, el ateneo fue levantado de manera autónoma del Estado y de cualquier organización, pues piensan que lo único que hace el asistencialismo es ocultar la falta de organización de la misma gente, por lo que las actividades se financian con aportes de todos los participantes, para sentar una base firme que les permita “generar un polo de lucha anticapitalista y libertaria”.

El veterano del barrio

En la parte norte de Santiago Centro, es posible apreciar un agitado escenario cultural siendo el barrio Brasil uno de los exponentes principales, y el lugar de acogida del Centro Cultural Taller Sol, ubicado en Compañía 2131.

Los años que lleva en pie lo han consolidado como un gran patrimonio histórico del arte independiente. Asimismo ha sobrevivido como un ente anónimo que ha sido capaz de rescatar las huellas más profundas del arte anónimo y callejero, dejando plasmados en él muchos procesos sociales desarrollados desde la dictadura hasta el día de hoy.

Este centro cultural se formó en 1977, producto de un gran movimiento juvenil que participaba en peñas culturales de las poblaciones aisladas de la ciudad. Alrededor de treinta jóvenes se aunaron para recoger no solo arte, sino también vivencias personales. Significó una forma de contar la historia y guardarla, para que años más tarde, pudiera ser revelada.

Este espacio, que durante sus primeros cinco años funcionó de forma clandestina dado el contexto de dictadura, ha desarrollado una curiosa forma de “vivir” el arte, que es la de ocupar las dependencias del edificio para las actividades culturales, y otra para habitarla cotidianamente. Así se va formando el carácter barrial y bohemio característico de Taller Sol.

La orientación de público es variada, si bien, muchos jóvenes participan de sus actividades, existe una amplia gana de artistas que se retroalimentan y asisten regularmente a Taller Sol para intercambiar arte, para disfrutar y fomentar en conjunto. Esto es posible gracias a ferias libres en que se organizan en espacios públicos, generalmente en la misma Plaza Brasil, en donde se exponen malabares, teatro, máscaras y música. Un ejemplo concreto es la celebración que se hizo el viernes 31 de octubre, el día de los muertos, en donde se resaltó América Latina, específicamente México.

El material audiovisual y los tomos de una amplia biblioteca se han ido acumulando con los años, comprados o incluso trocados. Pero fundamentalmente han salido del bolsillo de sus gestores. Pese a esto, Antonio no se queja, pues la práctica del autoabastecimiento fue una desición a conciencia que, dicen, se debe mantener. Además, afirma que las redes de apoyo son diversas, desde extranjeros que se dan los datos y compran libros, hasta la gente que recoge basura y los provee de buen material a cambio de unas pocas monedas.

También las tareas que se encuentran allá son una manera de pagar la vivienda y tener una ocupación, “unos aportan trabajo, y otros aportamos aparte de trabajo, dinero”, dice su director, agregando que siempre hay una “patita de suerte” que los ayuda a llevar el buque.

Gestión municipal versus autogestión

Los objetivos de la corporación ñuñoína parecen ser cumplidos en su totalidad: la Casa de la Cultura es capaz de acercar a la comunidad a las artes, a la vez que destacarse entre las comunas con más vida cultural. “La municipalidad de Ñuñoa es la que más destina recursos a cultura”, asegura Quintard, quien dice estar “conforme” con lo invertido en la corporación, pues es suficiente para todas las actividades del año y “se ve reflejado en la gran cantidad de público que visita las actividades que organizamos”.

En el Ateneo, en cambio, palabras como autogestión, horizontalismo, solidaridad y apoyo mutuo se tornan en una realidad concreta y palpable para cualquiera que participe del espacio, en los talleres o en las actividades que realizan para financiarlo en conjunto con otras organizaciones territoriales de la población. Si bien existe un constante estado de precariedad debido a la falta de plata, la dinámica de auto financiamiento colectivo, entre quienes levantan el Ateneo y quienes participan, permite generar lazos de comunidad y pertenencia que difícilmente espacios culturales más institucionales logran. Gracias a esto los pobladores sienten suyo el espacio, lo cuidan y lo fomentan, dando pie a que se cumpla uno de los objetivos principales: que sea la misma gente la que crea cultura, sin que le vengan a enseñar desde fuera.

Una realidad similar a la alternativa poblacional es la que se encuentra en "Taller Sol", pues la autogestión pasa no sólo ser una forma de financiamiento, sino a un modelo que se ha instaurado dando una cosmovisión en la manera de ver y desarrollar el arte en este espacio: generación de recursos culturales y sociales, ocupación del espacio público sin previo permiso y construcción de una sociedad “paralela al Estado”, que supla las funciones marginadas de este mismo.

“En un país en donde el artista y la gente de la cultura en general, si no se adscribe a los mecanismos y a la institucionalidad estatal, se margina… O sea yo podría vivir muy bien hoy día y el Centro Cultural Taller Sol también podría, si accediéramos, claro, a un proyecto (financiado por el Estado) y si fuéramos amigos de la ministra de Cultura, etcétera, pero eso significaría andar besando culos también por todos lados, y no estamos para eso”, declaró Kadima a Estación Intermodal.

En "Taller Sol", Los recursos externos son muy escasos. Eso ha llevado a que en este momento se encuentre prácticamente quebrado, con obstáculos para llegar a fin de mes, y pagar cuentas como arriendo, agua y luz.

Si bien el carácter autónomo que reivindican los centros culturales alternativos irremediablemente los ata a una constante crisis económica y a disputas con autoridades centrales o municipalidades, que los rechazan, clausuran y obstaculizan sus actividades, sus participantes afirman no tener problemas, pues ha sido su opción política levantar estos espacios que se construyen desde la gente, sin apoyo de instituciones gubernamentales que igualmente cuestionan. Las diferencias entre la gestión municipal y la autogestión incluye otros aspectos, pues los centros autónomos siguen encontrando trabas para difundir su material.

En definitiva, no es el tipo de financiamiento ni las grandes instalaciones lo que importa a la hora de escoger panoramas culturales, sino el concepto de cultura que uno busque dependiendo de sus intereses e ideas.

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