martes, 2 de diciembre de 2008

Internacional


Rusia:

La vieja vedette que vuelve al escenario

La abuela Rusia vuelve coja y errática a retomar el antiguo puesto que otrora le brindó esplendor. Sin embargo, en veinte años, varias guerras, crisis económicas y conflictos de tinte posmoderno, no hacen otra cosa que dar cuenta que los años pasan y pesan. Sobre todo en el panorama mundial.

Por Víctor Espinoza, Romina Reyes, Catalina Valencia.


Georgia se ubica al interior de Europa del Este. Su figuración es mínima en comparación a otros países colindantes de la zona, sin embargo, su nombre ha resonado durante los últimos meses en los medios de comunicación, luego de que sus fronteras fueran vulneradas por tanques de origen ruso.

El potente ataque militar, que devastó poblados y vidas, se amparaba en la defensa de Osetia del Sur, territorio ubicado en el Cáucaso, y que ostenta una gran reserva de gas y petróleo. Durante el último tiempo, dicha zona había mostrado deseos de independizarse de la república georgiana.

Al tratarse de una lucha entre David y Goliat, dada la gran diferencia de potencial armamentista entre ambos, Estados Unidos decidió intervenir en la disputa, prestando ayuda al país del sureste europeo. El conflicto, que en un primer momento sólo se había desarrollado entre naciones vecinas, daba paso a la inclusión de un tercer componente. Dado este nuevo panorama, las coordenadas del presente comenzaban a asemejarse a ciertos rasgos de la Guerra fría.


La tensa calma de los años 70


Durante la segunda mitad del siglo XX, el mundo presenció el enfrentamiento entre dos ejes de influencia: capitalismo y comunismo. El primero estaba liderado por Estados Unidos, mientras que el segundo tenía a la cabeza a la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Debido a la tensa situación entre ambas potencias, acompañada de la ausencia de acciones hostiles que atentaran directamente contra el enemigo señalado, los medios bautizaron el conflicto como Guerra fría, dejando al mundo en un estado de suspenso frente a una bomba que en cualquier momento podría estallar.

Al formarse esta polaridad, la división decantó en la sectorización de las posturas, estando por un lado el occidente-capitalista, y por otro el oriente-comunista. El primero englobaba, mayoritariamente, a Europa Occidental, América, parte de Oceanía, Corea del Sur, Japón y Taiwán. El segundo comprendía a Europa Oriental, China, Cuba, países africanos y del sudeste de Asia.


Sin embargo, durante los años ’70 la República Popular China comenzó un plan de acercamiento a las potencias occidentales, principalmente Estados Unidos. Esto provocó que la relación con Rusia se distanciara y, en consecuencia, el eje oriental se debilitara.

A mediados de la década de los ’80, el comunismo poco a poco se vio inmerso en un colapso. Fue entonces cuando el secretario general del Partido Comunista de la URSS, Mijail Gorbachov, da comienzo a su política de apertura económica, la Perestroika, quedando en evidencia el desmoronamiento del bloque.

Las innumerables reformas políticas tuvieron como consecuencia la disolución de la Unión Soviética en 1991, la desaparición del eje comunista y el fin del enfrentamiento entre rusos y estadounidenses. Es así como Rusia se mantuvo replegada durante la década siguiente, tratando de restaurarse luego de los estragos que sus propias políticas causaron en la nación. El periodista de Televisión Nacional, José Antonio Neme, señaló a este medio: “La sociedad rusa trató de recomponerse entre el 1990 y 2000. Sin embargo, cuando Vladimir Putin, ex agente de la policía secreta soviética, llega al poder, Rusia vuelve a tomar fuerza en el discurso, un discurso más radical, más militarizado”.

El último aviso ruso

La invasión de Rusia a Georgia, aunque inentendible para los extranjeros de la zona, es una muestra de los conflictos pendientes que quedaron tras la caída de las barreras que amarraban a la Unión Soviética.

“Evidentemente ahí hay una tensión que estaba latente desde hace bastante tiempo entre Rusia y los países limítrofes. Pero también había una tensión dormida entre Occidente y Rusia, porque las decisiones de los estados de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) en relación con países limítrofes a Rusia afectan la situación estratégica de potencias que buscan o quieren zonas de hegemonía”, declaró Carlos Espósito, profesor de Derecho Internacional de la Universidad Autónoma de Madrid al diario La Tercera, en septiembre de este año.

Y sucedió así: con la URSS no se acabó Rusia. Siguió ahí en el mapa, pero exenta de los países que flotaban a su alrededor. Sin embargo, dicha situación derivó en una serie de conflictos –raciales, políticos, económicos- que además de constituir un marco para entender el actual comportamiento de Rusia, dan cuenta de la “restauración” que dicho país tuvo que hacer en su territorio para acomodarse al panorama mundial.


Luego de los diez años que le tomó adecuarse a las políticas liberales que llevaban en el mundo más de cuarenta años, Rusia se encontró con una fotografía del planeta donde ya difícilmente se le distinguía a pesar de su gran tamaño.

“Se tomó diez años la cúpula del Partido Comunista ruso para poder reubicarse dentro del mapa mundial y dentro del mapa geográfico también, porque después del 89 ya Rusia no era lo misma no sólo políticamente hablando, sino que también geográficamente” declara José Antonio Neme.

El panorama mundial reclama hoy otras causas ajenas a la clásica y antagónica lucha entre comunismo y capitalismo. Eso, en términos coyunturales, apenas nos sabe a nostalgia setentera. Sin embargo, es este el referente directo del cual Rusia trata de desligarse. De todas maneras, países socialistas como Venezuela, se amarran de este fantasma para justificar su lucha.


Venezuela: ¿Rusia en América Latina?

Venezuela ha sido protagonista secundario en la nueva irrupción de Rusia en el plano mundial. Encabezado por el presidente Hugo Chávez, el país petrolero ha realizado una serie de acuerdos económicos y militares con Moscú. Según el diario español El País, “el mandatario venezolano salió de Rusia (tras su visita en julio) con dos acuerdos de envergadura en materia de energía y con la promesa rusa de conceder a Caracas un crédito de 1.000 millones de dólares (unos 680 millones de euros) para la compra de armas y equipamiento militar de fabricación rusa.” Todo esto estaría enmarcado en la voluntad por ambas partes de constituir un “contrapeso sólido a la influencia estadounidense”, mensaje emitido a través de un comunicado luego de la séptima reunión entre los jefes de Estado de ambos países.

Aunque la lejanía entre los dos países es evidente, Venezuela se ha encargado de mantener una estrecha relación con el Kremlin, iniciando una escalada de influencias dentro de países de América Latina en donde promulga la lucha contra el “imperialismo estadounidense”. Es aquella postura la que hace recordar lo ocurrido hace algunas décadas, en donde el mundo se dividía en los dos ejes que buscaban influenciar con sus ideologías al resto de los países.

Sin embargo, sería justamente este último punto el que detendría aquel proceso. Según Neme, todo respondería a un interés de Chávez de crear amigos y enemigos, pero sin un sustento ideológico como el que existía con la Unión Soviética, siendo imposible por los importantes nexos económicos que Estados Unidos mantiene con el país sudamericano.“Mientras Chávez ataca al Presidente George W. Bush, siguen acuerdos comerciales entre Venezuela y Estados Unidos, de hecho, todo el petróleo venezolano se refina en Estados Unidos”, afirma.

¿Pero qué sucede con el apoyo al desarrollo nuclear que acaban de acordar ambos países?, ¿y qué decir de los ejercicios militares que se desarrollarán a fin de año en territorios venezolanos, siendo partícipes ambos países?

Un tema que permanece abierto y sólo se podrá dilucidar con el pasar de los días, meses o, quizás, años.

El regreso de un clásico

Los últimos hechos han sido muestra fehaciente de los intentos de Rusia de volver a erigirse como la nación esplendorosa que alguna vez dijo haber sido. Mientras, su otrora enemigo norteamericano se reafirma en la posición ganada tras la Guerra fría, Rusia ha debido buscarse un lugar donde calce sin sonar a pasado y sacudiéndose el polvo de las ropas.

El mundo dejó atrás a Rusia, pero Rusia no dejó atrás al mundo. Durante los años 90 y el comienzo del siglo XXI, ha tratado, sobre todo en el último tiempo, de constituirse como un nuevo referente mundial, pero ya alejado del fantasma del comunismo que alguna vez ostentó encarnar.

Sencillamente, las luchas antagónicas de divisiones maniqueístas suenan a discurso viejo y pasado de moda. Las demandas mundiales exigen posturas fuertes frente a temas urgentes tales como el calentamiento global, nuevas fuentes de energía y la reciente crisis económica que sacudió a Wall Street.

Sin embargo, la gigante rusa ha demostrado ser errática en su actuar. Según Neme, los temas de la agenda internacional relegan a segundo plano los localismos, por ende, no es válido asirse de ellos para tratar de marcar tendencia o poder en la agenda internacional. “En la última crisis financiera Rusia no estuvo nunca convocada a ninguna de las cumbres y la bolsa de Moscú tuvo que cerrar dos veces por caídas de más del 20%. O sea, yo creo que hay un error en que Rusia ocupe los problemas locales que tiene para poder reposicionarse en la agenda internacional” comenta el periodista de TVN.

Rusia trata de reacomodarse en un nuevo escenario, pero no es fácil cuando los escaños correspondientes a “grandes potencias” han sido ocupados. Sobre este tema opina Antonio Remiro, académico español de la Universidad Autónoma de Madrid: “Rusia se ha considerado maltratada por los países occidentales a la hora de negarle su escaño como gran potencia. Rusia, en una situación de bonanza energética y de recursos económicos, vuelve a una condición que había ido perdiendo en los últimos 20 años y reclama su puesto, sus zonas de influencia” (La Tercera, 5 de septiembre del 2008).

Rusia debiera rearmar su figura en torno a conflictos actuales. Para alguno no dejará de ser lamentable el hecho de que el mundo haya dejado atrás las luchas de los proyectos sociales. Sin embargo es cierto, no queda otra opción que acostumbrarse a vivir en un nuevo panorama para Rusia y el resto.

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