martes, 30 de septiembre de 2008

Acuerdo entre Microsoft y el Gobierno de Chile:

La Carrera por el Dominio Digital

En julio del 2007 el Gobierno de Chile
por medio del ministro de Economía, Alejandro Ferreiro, firmó con la empresa de software internacional Microsoft un acuerdo que comprometía el control sobre siete importantes sectores de la economía chilena. A más de un año de la firma, revisamos el acuerdo que aún hoy despierta más de una suspicacia en los usuarios.

Por Felipe Ramírez, Romina Reyes y Rory Parks

Dicen que fue a puertas cerradas. Alejandro Ferreiro, el entonces ministro de Economía, Hernán Orellana, el gerente de Microsoft en Chile, y Craig Mundie, Chief Research and Strategy Officer de la misma compañia, firmarían un acuerdo de colaboración entre Microsoft y el Gobierno de Chile. Por medio de éste la empresa se comprometía a aplicar tecnología de innovación a varios sectores de la economía chilena a cambio de convertirse en el único proveedor de servicios.

Este tema casi de soslayo para la prensa tradicional del país, dícese de El Mercurio y otras grandes marcas. Sin embargo, fueron los usuarios quienes pusieron el grito en el cielo al enterarse de la noticia.

"El acuerdo cubre siete sectores claves de la economía que el gobierno le estaba entregando a una empresa..." cuenta Christian Leal, periodista y activista digital quien tendría sus quince minutos de fama a raíz de este acuerdo. "El acuerdo fue sin ningún tipo de licitación, o más, sin un estudio que dijera que esta empresa era la mejor para hacer los acuerdos. Es como si alguien dijera que desde ahora en todos los colegios se va a vender Pizza Hut. ¿Por qué? Porque sí, porque firmamos un acuerdo.

Las críticas ciudadanas

A través de la web surgió una serie de críticas dirigidas tanto al acuerdo mismo como al rol que el Gobierno cumplió a lo largo del incidente y a su política digital en general. Respecto al acuerdo, los principales ataques consistieron en cuestionar que éste se realizó sin concurso, licitación, ni revisión de otras ofertas antes de ofrecerle a Microsoft negociar, como podrían haber sido Google o Yahoo. Ante estos cuestionamientos, el ministro Ferreiro se defendió en declaraciones a La Nación, argumentando que la licitación no era necesaria pues "no supone desembolso alguno por parte del gobierno de Chile".

Sin embargo en una entrevistaa Martín Karich, gerente de Comunicaciones Corporativas de Microsoft Chile, publicada en El Francotirador, se da cuenta de ocho puntos en los que el gobierno compromete financiamiento, llegándose finalmente al consenso de que el acuerdo esta redactado en términos ambiguos.

La ambigüedad delacuerdo seprestaría para diversas interpretaciones del mismo, la que fue otra de las críticas esbozadas. Incluso el senadosr del Partido Socialista (PS) Alejandro Navarro preguntó cuánta plata de todos los chilenos se desembolzaría parapromover tecnologías de Microsoft.

Por otro lado se le criticaron al acuerdo dos puntos que resultaban cruciales para los ciudadanos, referidos al llamado "domicilio digital" y a "pequeña empresa en el siglo XX".

El primero consistiría en entregar datos personales a una empresa privada para uso comercial, además de la ventaja que tendrñia frente a otras compañias al tener exclusividad en el ofrecimiento de na serie de servicios, como correos electrónicos para los ciudadanos a la hora de renovar el carnet de identidad.

En el segundo caso se criticaba que las empresas se verían obligadas a utilizar software de Microsoft para trabajar. Varios sitios del gobierno funcionan sólo a través de Internet Explorer, con el consiguiente desembolso que significa estar pagando licencias, algo que algunas Pymes no pueden hacer, por lo que prefieren Linux u otros software.

Lo mismo sucedía con el "municipio digital", que significaría que las municipalidades se veríoan forzadas a desembolsar dinero en licencias de Microsoft en vez depoder explorar distintas ofertas y elegir la más conveniente.

El surgimiento del Smart Mob

El acuerdo no pasó inadvertido. A partir de publicaciones en blogs donde se "traducía" el acuerdo, se produjo un efecto similar al destape de una olla a presión. Columnas como las de Christian Leal o Carlos Moffat producirían cientos de respuestas que derivarían en la conformación del primero Smart mob chileno.

Alejandro Morales, jefe del Área de Medios de la Universidad de Chile, explica que los smart mobs son movimientos ciudadanos que surgen en respuesta a alguna contingencia y se sustentan en la web. “Una comunidad organizada que hace pasar el tema desde lo virtual hasta lo real. Por primera vez un problema que surge en el mundo de la web la trasciende y toma alcances reales”.

Así fue. De columnas de opinión y posteos incendiarios se pasó a la conformación del Movimiento por la Liberación Digital que tomó cartas en el asunto representando a la ciudadanía.

Tales acciones derivarían en un diálogo entre ambas partes, incluyendo un comunicado de prensa del Ministro de Economía donde haría su defensa pública: “…el Acuerdo Marco de Colaboración… es un documento público que establece las condiciones en que esta empresa donará recursos a nuestro país para una serie de iniciativas en diversos ámbitos […] Asimismo, subraya que tal documento en modo alguno incluye la entrega de datos de los ciudadanos a una empresa privada, como se ha pretendido inferir de sus términos” .

La polémica llegó al Congreso Nacional donde las caras visibles de Gobierno tuvieron que dar explicaciones. “La Comisión de Ciencia y Tecnología invitó al ministro de Economía Ferreiro, y al gerente de Microsoft,m que en ese entonces era Hernán Orellana, para que explicaran los alcances de este acuerdo”, cuenta Christián Leal.

Sin embargo, aquella formalidad quedaría sólo en eso: en simple protocolo democrático. El acuerdo fue mutilado en puntos polémicos como el domicilio digital. Otros puntos siguieron, pero sin apoyo de Gobierno.

Como consecuencia, la imagen del Gobierno quedaría vulnerada. Las principales críticas fueron dirigidas al rol que este había cumplido. En palabras de Christian Leal, el gobierno “se puso la camiseta de vendedor de Microsoft, sin licitación ni concurso alguno”. Los ciudadanos vieron que el gobierno se preocupaba más de asegurar las inversiones de las grandes empresas antes de responder a sus necesidades, en el marco de una agenda digital errática.

“Se dejaron estar, sin tomar la iniciativa y esperando que las empresas acudieran a ellos con proyectos propios para apoyarlos” concluye Leal. Tal fue el caso de “Mi primer PC”, o el plan para aumentar la cobertura de Internet que funcionaba a través de VTR, por lo que debía ajustarse a sus políticas. Esto, en concreto significó que sectores que no eran –y no son aún- blancos apetitosos para dicha empresa, como la comuna de La Pintana, no puedan acceder a dicho servicio.

Sitios relacionados:
http://www.liberacióndigital.org
http://www.elfrancotirador.cl

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