martes, 30 de septiembre de 2008

Sociedad/ Vida Cotidiana

Metro y sus negocios:

Tránsito Comercial

Cerca de dos millones de personas transitan diariamente por las estaciones del Metro y en su azaroso viaje puede surgir más de una necesidad: ¿un agua mineral para la sed?, ¿un café para el frío?, ¿sushi?, ¿zapatos ortopédicos?... Esto y más dentro de las instalaciones del tren subterráneo y fuera, también.

Por Fanny Ng y Francisca Palma


El Metro es conexión, rapidez y comodidad –además de un orgullo para la desordenada capital- por ello es un factor considerable al momento de elegir una vivienda, un lugar de trabajo y, por qué no, un espacio para poner un negocio. Inversiones diversas convergen en el ático de la ciudad y el motivo no resulta tan difícil de reconocer: el inagotable e ineludible tránsito de personas, potenciales clientes para los bienes y servicios ofertados

Universidad de Chile, Patronato, Quinta Normal, Escuela Militar, Estación Central y La Cisterna son insignes representantes de los espacios que alojan un importante número de locales comerciales ligados a Metro, ya sea adentro mismo, camino a las estaciones o a la salida de estas en sus formatos legal e ilícito, sobre paño o a ruedas.


Este abanico de posibilidades se nutre de personajes como C.J., vendedor ambulante de estación Patronato que no paga impuestos, tipología catalogada de “clandestina” por el Servicio de Impuestos Internos (SII). En su paño montable, C.J. ofrece lentes de sol a dos mil pesos y como él mismo reconoce, no está ajeno a las leyes del mercado, “hay días buenos y días malos”. Este joven llegó a las mesaninas de la escalera protegiendo su mercadería un día de lluvia y desde aquella vez se posa a sobresaltos esperando que los guardias no aparezcan.

Para José Eduardo Fuentes, director (s) del Departamento de Fiscalización de la Región Metropolitana del SII, el problema de C. J. y del comercio ilegal es difícil de controlar. “Para nosotros es muy complicado porque tenemos que ir con Carabineros y los tipos son agresivos. No podemos conversar con ellos porque nos tratan muy mal, son groseros”. En las jornadas de fiscalización, el SII cuenta con un equipo de ocho personas que trabajan con la Policía de Investigaciones. Un número mínimo de funcionarios para una región que constituye el 40% de la población chilena y que no sólo realiza su trabajo alrededor de las estaciones.

A pesar de que este panorama sea fácil de corroborar saliendo de cualquier estación de la red, hay comerciantes ambulantes que sí cumplen. Tal es el caso de Orlando Alegría, dueño de un carro de confites a la salida del Metro Estación Central que paga una patente correspondiente a un impuesto simplificado. En los meses de enero y julio Alegría debe cancelar a su municipio cerca de 80 mil pesos que lo absuelven mensualmente del impuesto a la renta y el IVA. Cumpliendo con la ley, se asegura un desempeño tranquilo, pero como reconoce, “uno no tiene la patente fija, en cualquier momento nos echan”.

Si un comerciante no cumple las exigencias legales arriesga una multa del 50% al 300% de los impuestos eludidos más presidio en su grado medio, es decir, de 541 días a tres años. En el caso de haber reincidido, la pena que corresponde es de grado máximo y parte de tres años y un día hasta cinco años.

Bajando las oscuras y engominadas escalinatas de la red subterránea la cosa cambia. El orden comienza a reinar en los pasillos cercanos a boleterías: en sus pulcros cubículos se hace presente el comercio establecido. Pero no cualquiera puede estar en las privilegiadas vitrinas del subsuelo. Como dice Javiera Jalón, encargada de prensa de Metro, la empresa se reserva el derecho de admisión considerando ciertos factores como la calidad de servicio entregado, la imagen de la empresa, la vinculación entre el tipo de negocio y el uso de la estación y su experiencia en el rubro. Metro no se arriesga a perder ingresos que, según su propio informe financiero del pasado año, representan más de tres mil millones de pesos.

La práctica del comercio ambulante en las escalinatas y pasillos de las estaciones del Metro y hasta dentro de los mismos vagones, como ocurrió el verano pasado con un vendedor de agua mineral, es algo normal; tanto guardias como ambulantes lo saben. Por eso Julio César, vendedor de gomitas de eucaliptos de Estación Quinta Normal cree que entre ellos y el personal de seguridad “hay un respeto”. Y como agrega Miguel Ortega, guardia de Estación Central, “es como un trato de caballeros: ellos salen porque saben que nosotros vamos a llamar a Carabineros para que se los lleven detenidos, pero están claros en el cuento, saben que el artículo 19 de la Constitución dice que ellos pueden transitar libremente mientras no estén vendiendo”.

Algo diferente sucede en Escuela Militar. Subcentro, un doble pabellón comercial acompaña desde marzo de este año a la estación terminal. Esta nueva construcción implica que el ingreso a la boletería poniente sea obligadamente por algunas de las entradas de las galerías o boulevards generando el tránsito de 10 mil personas diariamente. “Pasa bastante gente que por lo general viene del trabajo y por lo menos aquí se vende harto”, afirma Cristina Araya, vendedora de uno de los más de 100 locales.

Tras la inauguración de Subcentro, queda claro que dentro de las políticas del ferrocarril metropolitano se aplica una fórmula efectiva: prestar más servicios a los usuarios, concentrar más público y, claro, recibir ingresos por ello. En entrevista a plataforma.cl referida a la inauguración de Subcentro, Clemente Pérez, director de Metro, afirmó que “la idea de que el sector privado participe en este proyecto se enmarca en la política de Metro de crear alianzas estratégicas con empresas privadas y municipios, y de esta forma obtener financiamiento e ideas creativas e innovadores para emplazarlas en los espacios Metro en beneficio de la comunidad en su conjunto“.

A fin de cuentas las ganancias que recibe Metro por el arrendamiento de locales son mucho mayores que las de un vendedor ocasional que paga o no paga patente. La única manera de comparar el comercio establecido con el ambulante es que ambos prestan un importante servicio a los usuarios con diferentes elementos positivos. Los primeros garantizan el cumplimiento de los derechos del comprador velados por el Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) y los segundos ofrecen, generalmente a mejores precios productos oportunos a las personas, pero pasan a llevar la legalidad.

De todas formas, algunos como Orlando Alegría justifican la evasión tributaria y el hecho de que las estaciones de metro sean un espacio dominado por el comercio ambulante. “Para mí, la culpa es del Gobierno que no le da oportunidades a la gente que por ejemplo ha tenido una falta o tiene un antecedente penal que a lo mejor no es tan grave. Al quedar manchado la gente no le da un trabajo y sale a la calle a trabajar en un mantel, a vender lo que pueda”.


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