Fórmula repetida, ¿sale podrida?
Por Pablo Cuéllar, Patricia Díaz y Víctor Espinoza.
Fotos por Pablo Cuéllar
Cinco de la tarde. El sector de Inés Matte Urrejola, en pleno barrio Bellavista, se ve invadido de niños y adolescentes que rondan inquietos las puertas del canal Chilevisión (CHV). La mayoría de ellos espera en largas filas la hora para ingresar a los estudios de la emisora, y desde allí oficiar como público en El diario de Eva, y luego en Yingo; programas que la estación privada ha posicionado como los estelares juveniles de la tarde.
El reloj marca las seis y los pacientes seguidores de Yingo –programa que conducen la ex chica Mekano Catalina Palacios y el modelo Hotuiti Teao-, han ingresado al canal, a pesar de los 60 minutos que aún los separan del inicio del show. Pero ni la tediosa espera ni la siguiente fiscalización de los guardias del recinto serán obstáculos para ellos. Para su público, Yingo es todo un fenómeno mediático que ha logrado, en sus escasos nueve meses de vida, posicionarse como el programa más visto de la televisión chilena en su horario.
Es tanta la cantidad de público que añora ser parte del programa, que las entradas deben pedirse con al menos dos semanas de anticipación. Y eso no es todo; ya hay varios clubes de fans que idolatran al programa juvenil y a su elenco y que asisten diariamente. Estos grupos privilegiados no necesitan de invitación para ingresar al canal y su membresía los hace gozar de un tratamiento V.I.P. dentro de la estación: son los primeros en entrar al estudio de grabación y tienen un trato simétrico con los guardias, quienes los saludan por sus propios nombres.
Tal es el caso de Francisco Cornejo (18) y Karla Gálvez (17). Ambos son parte del fans club de Mariuxi Domínguez (24) –integrante de Yingo- de quien se consideran, además de seguidores, amigos. Esto les otorga no sólo un pase diario al programa, sino también al mundo privado de la modelo y periodista ecuatoriana. “Vamos a su casa, carreteamos… Hoy fuimos al mall chino y nos regaló estos llaveros”, cuenta Karla, quien posee una estrecha relación con la bailarina, tanto así que dedica sus horas de estudio para pasarlas junta a ella.
El caso de Francisco es similar. Con un cuarto medio en pausa, el joven dedica su tiempo libre casi exclusivamente a actividades relacionadas con el programa, desde actualizar los diversos fotologs dedicados a sus ídolos, hasta salir de fiesta y paseo con los chicos del elenco.
Respecto al tema, María Victoria Cabrera, productora ejecutiva de Yingo, considera mejor desligarse de todo compromiso, tanto con los integrantes como con los fanáticos del show. “Lo que los chicos hagan fuera del programa no es responsabilidad nuestra”, asegura la productora. Mientras que de los seguidores del programa apunta: “yo no soy la mamá de los niños que están afuera para decirles qué hacer y qué no”.
Entonces, si no existe una verdadera relación de preocupación entre el medio y su público. ¿Qué les atrae de Yingo a estos últimos? ¿Qué inspira a estos jóvenes a desarrollar sus vidas en torno a este particular programa de televisión?
Según los fanáticos, el sello del programa es la veracidad de sus personajes e historias. Para Karla, Yingo no es ficción, a diferencia de otros shows juveniles como Amango y BKN: “esos son programas de fantasía…( ) Aquí tú te sientes identificado con las historias que te cuentan porque son de verdad”, señala. Así, los chicos se relacionan no sólo con los juegos y bailes del programa, sino con las vidas de los personajes. “Cuando te cuentan sus historias, sus romances, tú te sientes parte de su vida”, agrega la adolescente.
Sin embargo, detrás de las palabras de muchos otros jóvenes que también asisten al programa, se distingue un segundo factor capital presente en el mundo juvenil y en la televisión chilena en general. “No, nosotros no nos identificamos con la gente de Yingo. (Nosotros) venimos por las minas”, relata un grupo de adolescentes que espera su ingreso al set televisivo.
Y es que si bien la “responsabilidad de Yingo es la entretención”, tal como señala Cabrera, tras estos mismos juegos de preguntas y respuestas, humorísticas actuaciones y llamativos bailes, se esconde un espectacular gancho que ha sido recurrente en los programas juveniles a lo largo del tiempo.
El erotismo se ha involucrado, ya sea de manera intencional o casual, dentro de los espacios televisivos dedicados a todo espectador y, en especial, a estuvo presente en los exitosos –y ahora extintos- programas Rojo y Mekano, hasta llegar al actual show de Chilevisión, el que reutiliza la vieja estrategia.
Escotes llamativos, hot pants, faldas cortas y abdominales bien definidos son ingredientes obligados cuando de crear programas para adolescentes se trata. Además de agregar aquellos elementos que pasan a un terreno más explícito, como por ejemplo, cuando los juegos consisten en entregar dulces de boca en boca o realizar bailes, denominados por ellos mismos, con el epíteto hot.
No se trata de espantarse, pero basta ver cuando hace su aparición en escena la contorneada bailarina Joyce Castiblanco -con un ajustado traje de enfermera, para interpretar a Giss Giss, la doctora del amor- para entender que no se puede obviar aquella evidente información erótica, y que puede ser vista en horario familiar, en cualquier televisor que capte la señal.
Entonces ¿Es Yingo un programa para niños? Según Patricio Vargas, integrante del departamento de comunicaciones del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), éste no cumple con las características de la programación infantil, ya que “es un programa con un cierto contenido erótico y si son vistos por los niños debiera ser en un contexto en el cual existan adultos presentes que medien dichos contenidos”.
Quizás por ello no es novedad que, según el índice de audiencias y rating desarrollado por Time Ibope en este mes de septiembre, sean los niños de entre cuatro y doce años de edad los que compartan la cima de los índices, junto a adultos de entre 35 y 49 años, ambos alcanzando el 18% del total de los televidentes.
Pero aún cuando los índices señalan que adultos y niños ven el programa en conjunto, el contenido de Yingo sigue siendo complejo. Si bien los modelos y los personajes del elenco no representan a la mayoría de la ciudadanía, hay algunos fanáticos del show que aseguran que éste plantea los mismos estereotipos negativos que se encuentran en la juventud chilena. “En el programa molestan a la guatona, al flaco que habla mal; y lo mismo se hace después en la calle”, comenta Teresa Rodríguez (32), quien se reconoce como asiduo público de Yingo.
Ante estas dos grandes observaciones, Vargas señala que “el CNTV no puede hacer nada”, ya que el programa funciona “respecto a la ley (del Consejo)”. Además, a pesar de que en la página web de la misma entidad se indica que las sanciones se utilizan cuando se encuentran “tanto contenidos eróticos como violencia excesiva” y/o que haya una “vulneración en la dignidad de las personas”, es la audiencia quien se encarga de respaldar estas dos principales infracciones de Yingo, lo que, además, le permite al programa mantenerse al aire.
Esta última afirmación explica el por qué, a pesar de sus conflictivas temáticas, Yingo sigue siendo todo un éxito. Tal como sus antecesores, el proyecto de Alex Hernández, quien también fuera director de Mekano, revive una fórmula poco innovadora: modelos en ropas ajustadas, moviendo sus cuerpos al ritmo de la música de moda entre concursos y cahuines varios. Sin embargo, ésta aún funciona, y a chicos y a grandes parece gustarles. Como diría el viejo refrán: “entre gustos no hay nada escrito…”. Y así apareció Yingo.
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