Hallar la paz en La Paz
Por primera vez en Bolivia, tras largos años de abnegación, el poder estatal recae en manos de los eternos marginados en la historia de América latina: los pueblos indígenas campesinos y en la voz de un hombre, el Presidente Evo Morales. Un hito de tales magnitudes no puede estar exento de conflicto y violenta oposición. Su nombre, autonomismo.
Por Natalia Sánchez, Richard Sandoval y María Cristina Romero.
Un chileno en la Plaza de la Constitución, una rareza entre tantos gritos y colores congregados para darle la bienvenida a un hombre que tambalea, y junto a él, un gobierno en jaque. Evo Morales, llegando a la cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), saluda a la multitud de cientos de inmigrantes.
En la esquina de Teatinos con Moneda, no son ni bolivianas ni venezolanas las banderas que flamean esa tarde. El blanco y verde representa a la ciudad de Santa Cruz, capital del departamento más rico de Bolivia, cuna de aristócratas y empresarios, descendientes del mestizaje entre guaraníes y españoles mezclados también con la migración alemana. Basan su defensa en la legalidad democrática de no aceptar una nueva carta magna.
Uno de los manifestantes, Víctor Solari, cuenta con orgullo cómo en Santa Cruz se celebra con mayor fervor el día de la fundación de la ciudad que el de la independencia del país, dejando ver las fuertes diferencias raciales que separan a la ciudad, clave en el desarrollo del país. Un acérrimo defensor de Evo pregunta: “¿cuánto te pagó Estados Unidos por traicionar a tu patria?”. El hombre se va, quizás lamentando las casi 30 victimas fatales que dejó la masacre en el departamento de Pando, donde se declaró el estado de sitio.
Leopoldo Fernández, prefecto de Pando está detenido, acusado de genocidio y promoción de la violencia, entrega de armas a grupos civiles y destrucción de gasoductos que no permiten los envíos a Brasil y Argentina.

El gobierno ve el origen de la ola de violencia en la reducción de recursos para los departamentos, provenientes de las ganancias de los hidrocarburos, para entregarlos al fondo de pensión para mayores de 60 años y a las modificaciones socialistas-indigenistas de la nueva constitución.
Los departamentos de Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija forman el sector conocido como la media luna. En él se concentran los mayores recursos de materias primas del país. A su vez son los que más problemas han causado al Gobierno debido a la enérgica lucha que llevan en pos de su autonomía.
Los cruceños fueron los primeros en iniciar esta ola de referéndums el 4 de mayo, para culminar con Tarija el 22 del mismo mes. Estos fueron fuertemente rechazados por
el Presidente, quien los califica como “una fiesta ilegal y anticonstitucional”.
Por primera vez en Bolivia, tras largos años de abnegación, el poder estatal recae en manos de los eternos marginados en la historia de América latina: los pueblos indígenas campesinos y en la voz de un hombre, el Presidente Evo Morales. Un hito de tales magnitudes no puede estar exento de conflicto y violenta oposición. Su nombre, autonomismo.
Por Natalia Sánchez, Richard Sandoval y María Cristina Romero.
Un chileno en la Plaza de la Constitución, una rareza entre tantos gritos y colores congregados para darle la bienvenida a un hombre que tambalea, y junto a él, un gobierno en jaque. Evo Morales, llegando a la cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), saluda a la multitud de cientos de inmigrantes.
En la esquina de Teatinos con Moneda, no son ni bolivianas ni venezolanas las banderas que flamean esa tarde. El blanco y verde representa a la ciudad de Santa Cruz, capital del departamento más rico de Bolivia, cuna de aristócratas y empresarios, descendientes del mestizaje entre guaraníes y españoles mezclados también con la migración alemana. Basan su defensa en la legalidad democrática de no aceptar una nueva carta magna.
Uno de los manifestantes, Víctor Solari, cuenta con orgullo cómo en Santa Cruz se celebra con mayor fervor el día de la fundación de la ciudad que el de la independencia del país, dejando ver las fuertes diferencias raciales que separan a la ciudad, clave en el desarrollo del país. Un acérrimo defensor de Evo pregunta: “¿cuánto te pagó Estados Unidos por traicionar a tu patria?”. El hombre se va, quizás lamentando las casi 30 victimas fatales que dejó la masacre en el departamento de Pando, donde se declaró el estado de sitio.
Leopoldo Fernández, prefecto de Pando está detenido, acusado de genocidio y promoción de la violencia, entrega de armas a grupos civiles y destrucción de gasoductos que no permiten los envíos a Brasil y Argentina.
El gobierno ve el origen de la ola de violencia en la reducción de recursos para los departamentos, provenientes de las ganancias de los hidrocarburos, para entregarlos al fondo de pensión para mayores de 60 años y a las modificaciones socialistas-indigenistas de la nueva constitución.
Los departamentos de Santa Cruz, Pando, Beni y Tarija forman el sector conocido como la media luna. En él se concentran los mayores recursos de materias primas del país. A su vez son los que más problemas han causado al Gobierno debido a la enérgica lucha que llevan en pos de su autonomía.
Los cruceños fueron los primeros en iniciar esta ola de referéndums el 4 de mayo, para culminar con Tarija el 22 del mismo mes. Estos fueron fuertemente rechazados por
¿Será que estos sectores con más riquezas quieren desligarse del resto del país, o solo buscan aprovechar de mejor manera sus recursos? Según Eduardo Morales, profesor de Sociología de la Universidad de Chile, “la mayor autonomía en este momento tiene que ver más con la decisión sobre sus recursos energéticos. No es que estas regiones quieran independizarse del poder central, sino que la autonomía la requieren para mejorar su administración”.
¿Revolución o populismo?
Gran revuelo mediático ha causado el Presidente Morales desde que en enero de 2006 asumió el mando, siendo el primer gobernante indígena de su país. Prometió llevar a cabo una refundación de la nación, donde la inclusión de los indígenas, siempre postergados, es su bandera de lucha.
Las especulaciones sobre lo que representa son variadas. Algunos, como el profesor Morales, creen en la implantación de una revolución democrática y cultural. “Cuando se dio este proceso de inclusión y participación de los indígenas en las estructuras de poder, entiendo que se ha dado una revolución. No están los bolivianos acostumbrados a que sus ministros tengan apellidos indígenas, lo que le da un sello nuevo”, declaró.
Para Rodrigo Baño, también profesor de Sociología de la Universidad de Chile, no se trata de una revolución. Baño concuerda con las opiniones más escépticas que califican a Morales como líder carismático de los populismos. “Todo se debe a una condición epocal. Corresponde a un ethos cultural del momento que le da el apellido indigenista al movimiento. Es el espíritu de la época que permite que los acontecimientos se interpreten de acuerdo a lo que prevalece, y quienes tienen valores distintos los callarán”, expresó.
La llamada revolución sociocultural boliviana tiene un importante origen en la composición multiétnica y pluricultural de su población. El surgimiento de un líder indígena campesino, como Evo Morales, es consecuencia directa de un largo proceso histórico de exclusión a una población indígena que ronda los cuatro millones de individuos, sobre una población total de nueve millones, según el Censo de 2001.
Para Andrés Pucci, cruceño, esto ha beneficiado a las más de 40 naciones diferentes, de las que 36 son reconocidas oficialmente por la Constitución Política del Estado (CPE). “Bolivia es la unión de muchas culturas, tanto nacionales como extranjeras que han adquirido una identidad. Mucha gente reconoce tener algún antepasado indígena ahora. El principal aspecto beneficioso es el poder mantener algunas de sus costumbres e identidad”, lo que bajo este gobierno ha sido posible para Pucci.

El grueso de estas naciones lo conforman los Quechua y Colla con una población de 2,5 y 1,5 millones de personas respectivamente, siendo también importantes los Aymara y Uru en los Andes y Guaraní en Santa Cruz.
La titularidad física del poder está en los marginados de siempre, representados por el Movimiento al Socialismo (MAS) como instrumento político hacia la soberanía de los pueblos. Fruto del alzamiento indigenista, fuera del populismo que le atribuyen los autonomistas, surgió la Asamblea Constituyente y de ella la nueva CPE de Bolivia.
Tal proceso describe el recién estrenado documental “Bolivia para todos”, del argentino Emilio Cartoy Díaz, que resume meses de investigación, incluye testimonios como el del campesino guaraní Carlos Sosa, quien declara haber trabajado toda su vida en un fundo, sin conocer feriados ni descansos dominicales, desde los siete años y jamás haber recibido un salario, tan sólo víveres y ropas viejas.
Personajes de la talla de Adolfo Pérez Esquivel (Nobel de la Paz) e Ignacio Ramonet (director de Le Monde Diplomatique) también apoyan, durante el largometraje, el proceso boliviano como una revolución que surge mediante reivindicaciones, movilizaciones públicas, abiertas y mediante elecciones.
Los inmigrantes bolivianos en Chile afines a Morales no pierden la esperanza en la recuperación de la paz. Así lo afirma Efraín Ortega. Mientras espera la salida de Evo de la cumbre: “la esencia cultural étnica está en los pueblos del campo, los artesanos, los campesinos modestos, mientras que los que marginan son los grandes terratenientes que han recibido a precio de un maní las tierras de nuestros ancestros. Toda la vida quieren tener el provecho del pueblo. Mientras nosotros sólo queremos a nuestras familias en paz”.
Las especulaciones sobre lo que representa son variadas. Algunos, como el profesor Morales, creen en la implantación de una revolución democrática y cultural. “Cuando se dio este proceso de inclusión y participación de los indígenas en las estructuras de poder, entiendo que se ha dado una revolución. No están los bolivianos acostumbrados a que sus ministros tengan apellidos indígenas, lo que le da un sello nuevo”, declaró.
Para Rodrigo Baño, también profesor de Sociología de la Universidad de Chile, no se trata de una revolución. Baño concuerda con las opiniones más escépticas que califican a Morales como líder carismático de los populismos. “Todo se debe a una condición epocal. Corresponde a un ethos cultural del momento que le da el apellido indigenista al movimiento. Es el espíritu de la época que permite que los acontecimientos se interpreten de acuerdo a lo que prevalece, y quienes tienen valores distintos los callarán”, expresó.
La llamada revolución sociocultural boliviana tiene un importante origen en la composición multiétnica y pluricultural de su población. El surgimiento de un líder indígena campesino, como Evo Morales, es consecuencia directa de un largo proceso histórico de exclusión a una población indígena que ronda los cuatro millones de individuos, sobre una población total de nueve millones, según el Censo de 2001.
Para Andrés Pucci, cruceño, esto ha beneficiado a las más de 40 naciones diferentes, de las que 36 son reconocidas oficialmente por la Constitución Política del Estado (CPE). “Bolivia es la unión de muchas culturas, tanto nacionales como extranjeras que han adquirido una identidad. Mucha gente reconoce tener algún antepasado indígena ahora. El principal aspecto beneficioso es el poder mantener algunas de sus costumbres e identidad”, lo que bajo este gobierno ha sido posible para Pucci.
El grueso de estas naciones lo conforman los Quechua y Colla con una población de 2,5 y 1,5 millones de personas respectivamente, siendo también importantes los Aymara y Uru en los Andes y Guaraní en Santa Cruz.
La titularidad física del poder está en los marginados de siempre, representados por el Movimiento al Socialismo (MAS) como instrumento político hacia la soberanía de los pueblos. Fruto del alzamiento indigenista, fuera del populismo que le atribuyen los autonomistas, surgió la Asamblea Constituyente y de ella la nueva CPE de Bolivia.
Tal proceso describe el recién estrenado documental “Bolivia para todos”, del argentino Emilio Cartoy Díaz, que resume meses de investigación, incluye testimonios como el del campesino guaraní Carlos Sosa, quien declara haber trabajado toda su vida en un fundo, sin conocer feriados ni descansos dominicales, desde los siete años y jamás haber recibido un salario, tan sólo víveres y ropas viejas.
Personajes de la talla de Adolfo Pérez Esquivel (Nobel de la Paz) e Ignacio Ramonet (director de Le Monde Diplomatique) también apoyan, durante el largometraje, el proceso boliviano como una revolución que surge mediante reivindicaciones, movilizaciones públicas, abiertas y mediante elecciones.
Los inmigrantes bolivianos en Chile afines a Morales no pierden la esperanza en la recuperación de la paz. Así lo afirma Efraín Ortega. Mientras espera la salida de Evo de la cumbre: “la esencia cultural étnica está en los pueblos del campo, los artesanos, los campesinos modestos, mientras que los que marginan son los grandes terratenientes que han recibido a precio de un maní las tierras de nuestros ancestros. Toda la vida quieren tener el provecho del pueblo. Mientras nosotros sólo queremos a nuestras familias en paz”.
Sitios relacionados:
http://www.bolivia.gov.bo/
http://h1.ripway.com/achacachi/bn_archivos/ca.htm
http://www.geocities.com/cpbolivia/newcpe.htm (Proyecto nueva CPE)
http://boliviaparatodos.blogspot.com/
http://www.bolivia.gov.bo/
http://h1.ripway.com/achacachi/bn_archivos/ca.htm
http://www.geocities.com/cpbolivia/newcpe.htm (Proyecto nueva CPE)
http://boliviaparatodos.blogspot.com/
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