martes, 4 de noviembre de 2008

Estudiantil

Movimiento Educación 2020:
Un sueño camino a la realidad

Cuando de hablar de educación se trata, todos los personajes se echan la culpa unos a otros, a contar de sacarse la responsabilidad por la mala calidad de ésta. Sin embargo, cuando aparecen iniciativas nuevas, todos se sienten parte de este proceso y quieren participar para concretarlo. Pero ahora, salió un “osado” al camino, quien apunta a que el 20% más pobre tenga la misma calidad educativa que el 20% más rico, el año 2020. ¿Utopía o realidad?

Por Yasna Araya, Pablo Cuéllar y Natalia Sánchez

La discusión en torno a la calidad de la educación en Chile no es nada original, ni mucho menos novedoso. Diversos movimientos sociales, principalmente estudiantiles, ya se han hecho cargo de plantear esta demanda histórica, que viene desde los años 80.

En el año 2006 “la revolución pingüina” paralizó a los estudiantes del país entero y mantuvo cientos de establecimientos tomados durante semanas, siendo la mayor movilización que se haya visto desde el retorno a la democracia. La razón que le dio la fuerza y el carácter a su postura fue una sola: la cohesión y coherencia de sus demandas.

Con la claridad de sus ideas articularon un movimiento social de tan grande envergadura, que el Gobierno tuvo que acceder a conformar el Consejo Asesor para la Calidad de la Educación, cuyo informe final sería la base para un nuevo proyecto de ley.

Sin embargo, la poca representación de los actores sociales en el Consejo Asesor, produjo una nula representación de las demandas estructurales en el nuevo proyecto de la Ley General de Educación (LGE), aprobado en junio de este año.

Por eso no es raro ver que, nuevamente, el problema por la educación de calidad aparezca en la palestra informativa. Aunque esta vez desde una fuente y una óptica distinta. Lejos de las aulas escolares, es ahora un sólo hombre quien, amparado por las escuelas de ingeniería de las universidades de Chile y Católica, está intentando hacer un “cambio radical” a las deficiencias educativas y creando un movimiento plausible para lograrlo.

Este hombre es Mario Waissbluth, profesor de la escuela de Ciencias Físicas y Químicas de la Universidad de Chile. Y el movimiento: Educación 2020; un proyecto educativo que surgió a partir de una columna que Waissbluth escribió para la revista Qué Pasa, planteando que la educación chilena es “una tragedia peor que el Transantiago” y que los grandes obstáculos que deben ser superados para mejorarla son: el Estatuto Docente; la falta de idoneidad, tanto del profesorado como de los directores; la mala imagen de la evaluación docente; la mala remuneración del profesorado y la escasez de recursos para lograr este anhelado “cambio” en la educación, entre otros.


“Una excelente idea”

Ante el apoyo de los diversos sectores estudiantiles y académicos y de las loas de sus lectores, Waissbluth decidió enmarcar su propuesta en un manifiesto público, que luego se transformaría en este movimiento. “Su meta inicial era simple y directa”, cuenta a Estación Intermodal María Fernanda Ramírez, coordinadora de Educación 2020: “juntar la mayor cantidad de firmas posibles apoyando el manifiesto, en un periodo de diez días”.

Pero, los resultados fueron más complejos y alentadores. Waissbluth “no se imaginó” jamás que se inscribirían nueve personas el primer día, 158 al segundo, 1.095 el tercero, 2.414 el cuarto y ya para el fin de los siete primeros días, lograron juntar 10.335 personas inscritas, y que, hoy, ya superan las 26 mil. Dentro de ellas, las de 3 mil profesores de todo Chile.

Tanto ha sido el revuelo que, en su blog, él mismo confiesa sentirse “ahogado”. Y es que como señala María Fernanda, en palabras del mismo Waissbluth: “nos habíamos preparado para correr 100 metros planos y, cuando llegamos a la meta, nos dijeron que esto era una maratón”.

Pero la meta de esta “maratón” es aún más distante de lo que se cree. Pues el objetivo de Waissbluth es lograr que, en el año 2020, el 20% más pobre de los estudiantes tenga la misma calidad de educación que el 20% más rico. Una proeza alcanzable y realizable para algunos, y una simple utopía para otros.

Los más optimistas son los jóvenes, ya que son ellos los que se ven más interesados en este proyecto. “Es una buena idea”, señala Óscar Santibáñez, alumno de Ingeniería en Aeronáutica de la Universidad Federico Santa María. Ésta, junto a otras decenas de universidades, colegios, fundaciones e instituciones privadas ya se han adherido a este movimiento. Es que “es una excelente propuesta, puesto que los profesores son la base de la educación y del progreso del país”, recalca la estudiante de Pedagogía en Artes Musicales de la Universidad Tecnológica de Chile (Inacap), Tamara Escudero.


Voces de la discordia

En una encuesta realizada por Estación Intermodal a los estudiantes de pedagogía de la Universidad Metropolitana de las Ciencias de la Educación (UMCE, ex Pedagógico), las opiniones resultaron ser bastante homogéneas; corroborando la adhesión del estudiantado hacia el movimiento.

De un grueso de 30 estudiantes encuestados, de las distintas carreras[1] en pedagogía que ahí se imparten, un 85% se muestra partidario de una modificación que flexibilice el Estatuto Docente. Mientras que un 90% cree necesaria la evaluación docente y el 75% apoya el retiro digno y anticipado de los que resulten mal evaluados.

A su vez, respaldan en su mayoría el cierre de escuelas de pedagogía que titulan a personas no calificadas, el uso de tecnologías en el aula, y la inmigración de maestros bilingües. No así con entrenar en pedagogía a egresados de alto nivel de otras carreras, donde un 60% se mostró en desacuerdo. En resumen: el apoyo desde los mismos estudiantes de pedagogía, de los profesores y de la sociedad en general, ya está.

Ni siquiera Facebook, el portal web más utilizado actualmente para la adhesión y difusión de causas sociales, se ha quedado ausente de esta iniciativa. El movimiento Educación 2020 posee un perfil y varios grupos de apoyo articulados por regiones, que sumados bordean los 16 mil miembros. Sin embargo, también coexisten grupos como “Educación de calidad ahora y no el (año) 2020” o “¿Quién sabe más de educación: Un estudiante de Pedagogía o uno de Ingeniería?”, pero sólo con 1.400 miembros, aproximadamente

Sin embargo, pese a este apoyo popular, a la exitosa difusión comunicacional y a las diversas propuestas y objetivos para mejorar la educación hay ciertos actores que aún no tienen claro que tan factible y aprehensible puede ser este proyecto en la sociedad chilena.

Uno de ellos es el Colegio de Profesores quien, a través de Hernán González, jefe del gabinete de la presidencia de éste organismo, declaró a Estación Intermodal que Educación 2020 “es una muy buena campaña, pero adolece de un análisis más profundo de las causas del estado actual de la educación chilena”. Éste sería el factor primordial que no permitiría sustentar las propuestas del grupo, sobre todo si se trata de “una empresa tan grande y compleja como es el mejoramiento de la educación”, agregó.

Por otro lado, entre los principales planteamientos de Waissbluth y compañía, se señala la necesidad de aumentar los salarios para incentivar la permanencia de los pedagogos y la inserción de otros nuevos. Esta formulación sería tan necesaria como utópica, ya que en palabras del dirigente, desde 1990 se han realizado varias negociaciones con el Gobierno para ello y jamás se ha llegado a total acuerdo.

“Hay que mejorar los salarios, efectivamente, pero hay que ser explícitos en la manera en que se pretende hacerlo. Lo contrario deja la puerta abierta para que el supuesto mejoramiento salarial genere precariedad en el empleo, y condiciones de mayor flexibilidad laboral que las actualmente existentes”, advirtió González, aludiendo a la falta de precisión con que Educación 2020 aborda este tema, así como a la “alarmante despreocupación del sistema de educación superior y del Estado respecto a la formación de los docentes”.

A estas objeciones se agregan también las de Juan Eduardo García Huidobro, decano de la facultad de Educación de la Universidad Alberto Hurtado y ex presidente del Consejo Asesor para la Calidad de la Educación, quien declara la meta como “irreal”, ya que “no es posible lograr que en 12 años el 20% más pobre pueda acceder a una educación de igual calidad que el 20% más rico. Uno debería determinar mejor lo posible y admitir lo que sí se podría conseguir”.
Además cree que existen otras falencias que este proyecto no ha tomado en consideración. “La iniciativa posee un foco excesivo y unilateral en los profesores, desconociendo otras cosas muy centrales, como el ambiente educativo de los colegios, los graves problemas institucionales de la educación municipal y la extrema segregación social de nuestro sistema educativo”, agrega el decano.


Proyección educativa

Con respecto a la viabilidad de este proyecto, la coordinadora de Educación 2020, sabe que la tarea no es fácil, ya que el objetivo inicial “depende mucho de que se logre un acuerdo entre los actores que toman las decisiones que conciernen a la educación. Más que fijarnos si el año 2020 esto se llevará a cabo a cabalidad, nos hemos focalizado en todas las medidas que se pueden tomar de aquí al 2020; que, en este minuto, no están siendo consideradas”.

Pese a esta autocrítica, María Fernanda Ramírez, se vuelve más optimista – como lo ha sido la mayoría de los participantes de este movimiento – y declara que, en cuanto a los presupuestos que se necesitan para solventar esta iniciativa, es imperativo que Educación 2020 se convierta en “prioridad nacional”, sólo así “el Ministerio de Hacienda ajustará el presupuesto como sea necesario”.

De esta forma comienza una nueva historia en torno a la discusión de la calidad de educación en Chile. Si bien toda iniciativa que apuesta a fortalecer un movimiento social en pro de la educación siempre será bien recibida, hay muchos involucrados en el tema de la educación que aún no se convencen con las prédicas de Waissbluth.

“No hay nada nuevo que no se haya mencionado antes”, concluye el jefe del gabinete del Colegio de Profesores. Sin embargo, en las actitudes de los estudiantes se ha notado un leve cambio y una mejor disposición a extirpar, de una vez por todas, los problemas de una forma “radical”.

Por parte del Gobierno, es de esperar que este proyecto sea analizado tras la reciente aprobación de la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, para así captar la participación de todos los actores – como esperan los creadores del movimiento – y hasta, quizás, lograr una educación de calidad, antes del 2020.

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