martes, 4 de noviembre de 2008

Cultura/Farándula


Sin tetas no hay tv

Sostenes con relleno, cremas, masajes, píldoras y hasta melodías con mensajes subliminales que simulan el llanto de un bebé son utilizados por muchas mujeres para aumentar el tamaño de sus senos. Tener una delantera notoria es un pase directo a muchos beneficios.

Por Kimberly Hepp y Fanny Ng

Durante las últimas décadas los estándares de belleza que los medios de comunicación presentan han ido evolucionando para llegar a ser casi imposibles de alcanzar. En programas juveniles, pasando por estelares hasta los matinales es común ver mujeres con grandes pechos y figuras espectaculares.

La cirugía, sobre todo los implantes, constituye una inversión muy rentable. Es común ver cómo estas mujeres recuperan rápidamente el dinero que gastaron. Tal es el caso de la modelo Adriana Barrientos con sus implantes de 535 cc. quien asegura tener muchos más eventos y mejores pagados gracias a ellos.

Este fenómeno es común en la televisión actual. La mayoría de los contenidos que vemos en la pantalla tiene un fuerte lazo con la silicona, una belleza guardada en una pequeña bolsita que significa felicidad para algunas. Aunque gran parte se sientan conformes con sus dimensiones, la competencia es dura, lo que genera una visita al cirujano.

Los medios de comunicación se transforman en una especie de manual que entrega las pautas de lo que una mujer debe tener en su anatomía para considerarse perfecta. Son éstos los que establecen un modelo caricaturizado de ella exagerando sus curvas a límites difícilmente alcanzados por la genética.

“En la televisión chilena rige un esquema antiguo de belleza. Es importante una estética con cánones demasiado altos para poder ser cumplidos de manera original. Es necesario recurrir al bisturí, pero básicamente no es la gente quien pide la silicona sino que es un recurso del que se ha sacado mucho provecho, casi gastándolo.” Señala el sociólogo, Rafael del Villar, graduado en la Universidad Católica y académico del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile.

Si bien no es la audiencia quien pide la presencia de silicona, es más que común ver como niñas menores de 18 años someten a sus cuerpos a cirugías múltiples, que en menos de cinco años no tendrán el efecto esperado debido a que su desarrollo no está completo. La primera que marcó está tendencia fue la modelo María José López, quien reconoció que como regalo de su decimoquinto cumpleaños pidió un aumento de busto.

Desde pequeñas las mujeres comienzan a verse bombardeadas por muchas imágenes que les indican lo que es ser bella y lo que les permitirá triunfar sin realizar casi ningún esfuerzo. Todo se consigue poniéndose en manos de un buen especialista. Juntando un poco de dinero se puede conseguir un pase directo a la belleza express y a todas las oportunidades que ésta ofrece. En Argentina este tipo de cirugía estética se ha frivolizado a tal punto que algunas discotecas sortean aumentos de busto entre sus clientas.

No obstante, como toda cirugía, una mamoplastía tiene sus riesgos. En una operación de este tipo se pueden generar infecciones, hematomas, ruptura del implante, difusión del gel, alteraciones de la cicatriz, dificultar el descubrimiento de un cáncer de mamas, desplazamiento del implante, o retracción capsular que consiste en el endurecimiento de la mama producto de la presión del implante. Tal es el caso de Amanda, ex bailarina del programa juvenil Mekano, cuya primera operación falló porque su cuerpo rechazó los implantes.

En el libro “Sin tetas no hay paraíso” de Gustavo Bolívar Moreno, se narra la historia de Catalina una niña de catorce años que sueña con aumentar su pequeño busto para así transformarse en la diversión de los capos de la droga de Colombia. Su única meta en la vida es tener una talla de braiser más grande para sentirse una mujer completa y ganar dinero prostituyéndose. No importa si completa los estudios o sus valores. La muchacha hace todo para conseguir su aumento de senos y poder ser feliz.

Si bien la realidad chilena es muy diferente, la razón de la mayoría de las operaciones es bajo las mismas circunstancias. Un implante de silicona se convierte en la parte que no le fue entregada a la mujer. Ésta la transforma y hace que su autoestima suba considerablemente. Para algunas una operación es sinónimo de fama y fortuna a corto plazo. Es la oportunidad para llamar la atención en un casting o para obtener más eventos en una discoteque.

Camila Álvarez tiene 25 años y trabaja como modelo y promotora. Su forma de conseguir trabajo es a través de curriculums que ella deja en las diferentes empresas. En cuanto a si es necesario tener implantes para su trabajo Camila afirma que “Es un requisito que no es obligatorio al momento de ir a una agencia, pero te das cuenta que en un casting la mayoría de las niñas son ultra regias y tiene todo demasiado bien puesto. Es más que obvio que son ellas las que se quedaran con la pega. Tienen una buena inversión a cuestas.”

Es tan fuerte el peso que tiene la silicona, en la sociedad actual, que su uso se hace una opción muy potente entre las adolescentes. Susana Díaz tiene 14 años y cursa octavo básico. Para ella la mamoplastía es una de las primeras cosas que quiere hacer cuando tenga un poco más de dinero. “Para mí sería genial tener buenas pechugas, no exageradamente grandes, pero si que se noten con una polera bonita, el traje de baño y que se vean como paraditas” afirma.

Su compañera Catalina Gutiérrez de la misma edad, comparte esta idea con su amiga. Para ella también sería una buena opción agrandarse el busto. “Al final es tu cuerpo y puedes hacer lo que quieras con él. Si yo me siento cómoda con par de pechugas más grandes, me será mucho más fácil aceptar mi cuerpo”, defiende Catalina.

Pero no todas las jóvenes de su edad piensan lo mismo. Según Susana, muchas veces ha tenido que soportar que sus amigas le expresen que su postura no es la mejor. “La mayoría de mis compañeras me tachan de hueca o de loquita porque quiero tener más senos. No aceptan que realmente quiero hacer algo distinto con mi cuerpo”, comenta.

La silicona es una opción que a medida que pasen los años más fuerte se hace. Ahora ya no sólo es una alternativa para aquellas mujeres que por distintas circunstancias quedaron sin sus pechos. Los implantes logran darle a una mujer una confianza y un agrado consigo mismas, que, en ocasiones, lleva a un enviciamiento sin fin.



Las intervenciones quirúrgicas para aumentar el busto datan de 1880 y se utilizaban materiales como parafina, cartílagos y esponjas los cuales podían tener efectos muy nocivos como dolor intenso, infección, ulceración, pérdida del seno e incluso la muerte. Los primeros implantes mamarios de silicona se crearon en 1962 y consistían en una bolsa de lámina de silicona rellena con aceite del mismo material.

Hoy se continúan usando este tipo de implantes y los hay con forma redonda y de gota y de tamaños que van desde los 100 cc. a los 600 cc. Los más comunes son los implantes rellenos con gel de silicona y los de solución salina que si bien no dan un aspecto tan natural como los anteriores, son menos nocivos para el organismo en caso de que la bolsa se rompa. Existen dos modos de colocarlos sobre y debajo del músculo que se encuentra detrás de la mama mediante pequeñas incisiones alrededor del pezón o en el surco submamario. El costo de los implantes fluctúa entre los 300 mil y los 900 mil pesos a lo que se suma el valor de la operación que rodea los tres millones de pesos.

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